"Durante los 12
años que no tuve sexo, aprendí mucho. Sobre mi cuerpo, sobre el papel del arte
en el erotismo, el poder de los sueños, la tersura de la ropa, y la importancia
de la elegancia. Aprendí que puedo experimentar más placer al observar como
Robert Redford lava el cabello de Meryl Streep en “Out of Africa”, que estando
con un hombre. Por momentos me producía placer simplemente observar el cuello
de un hombre, o escuchar una voz. Y hablo de libido, créanme. Era deseo. Pero
la sociedad no reconoce este tipo de felicidad. ¡Era demasiado! He aprendido
que la mayoría de las personas sobretodo quieren probar que son sexualmente
funcionales, y no más. Extrañamente les da pena admitir que están solos en sus
camas, algo que yo descubrí que puede ser inmensamente placentero".
Cinco meses después de salir de mi país, aun extraño todo en la misma medida. Todo lo no material. Cinco meses después de haber vivido en Medellín, asumí el reto. Cinco meses después comprendí lo que es vivir el día a día. No esperé nada del día siguiente, con poco salí a diario con mi mejor cara, a atender cada cliente con todo lo que tenía y más. Dediqué mis días no solo a vender sino a escuchar. A diario escuchaba historias de cada uno de mis clientes, de todo tipo de historias. Cada uno dejaba algo de ellos dentro de mí. Si pudiese plasmar en una foto cada una de sus caras, no dudaría en hacerlo. Cada uno merece su puesto. Desde el niño pequeño con una incansable alegría, con el que hablaba de cosas que sólo los niños saben mirar. Hasta el señor con el que no hablaba pero veía a diario llegar a su casa, desgastado, cansado y quizá un poco desesperanzado. De observar y hablar con la gente aprendí mucho, quizás más de lo que hubiese a...
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